Jack y los gigantes: Por qué esta película de 200 millones sigue siendo tan extraña

Jack y los gigantes: Por qué esta película de 200 millones sigue siendo tan extraña

Honestamente, si te pones a pensar en las superproducciones de la década pasada, hay una que siempre se queda en un limbo raro. Hablo de Jack y los gigantes (o Jack the Giant Slayer para los que prefieren el título original). Se estrenó en 2013, se gastaron una absoluta millonada y, aunque hoy mucha gente la ve en streaming y piensa "oye, pues no está tan mal", en su momento fue un choque de trenes financiero.

¿Por qué?

Básicamente, porque nadie sabía muy bien para quién era. Tenías a Bryan Singer dirigiendo—el tipo que básicamente inventó el cine moderno de superhéroes con X-Men—y un guion retocado por Christopher McQuarrie. Sí, el mismo genio detrás de las últimas de Misión Imposible. Con ese pedigrí, esperabas algo épico, oscuro y revolucionario. Pero el estudio quería una película familiar.

Ese tira y afloja creó un producto final que es, cuanto menos, curioso.

El caos de Jack y los gigantes y su presupuesto monstruoso

Warner Bros. puso sobre la mesa unos 195 millones de dólares. Una cifra que hoy da vértigo, pero que en 2013 era directamente una apuesta suicida para una historia sobre habichuelas mágicas. El problema es que el rodaje fue un calvario técnico. El uso de la captura de movimiento para los gigantes—al estilo de lo que James Cameron hizo en Avatar—retrasó todo.

Querían que los gigantes se vieran reales.

Querían que Nicholas Hoult, que apenas estaba despegando después de Skins, fuera el héroe de acción definitivo. Pero la tecnología de aquel entonces todavía se sentía un poco... de plástico. Si vuelves a ver Jack y los gigantes hoy, notarás que los efectos visuales oscilan entre lo impresionante y lo que parece una cinemática de PlayStation 3.

Esa falta de consistencia visual fue uno de los clavos en su ataúd.

A nivel de taquilla, la película apenas rozó los 200 millones a nivel mundial. Si sabes algo de Hollywood, sabrás que para recuperar una inversión de 195 millones necesitas recaudar al menos el doble para cubrir marketing y distribución. Fue lo que llaman un "box office bomb" en toda regla.

Un reparto que merecía algo mejor

Lo más increíble de revisar esta cinta es ver a quiénes metieron en el ajo. Tienes a Ewan McGregor haciendo de Elmont, el líder de la guardia real, con un tupé que desafía las leyes de la gravedad. McGregor es, como siempre, lo mejor de la función. Se nota que se lo está pasando bien, incluso cuando tiene que actuar frente a una pelota de tenis que luego será un gigante de diez metros.

Luego está Stanley Tucci.

Tucci hace de villano, Lord Roderick, y es tan deliciosamente exagerado que casi te pones de su parte. El reparto se completa con nombres de peso como Ian McShane y Bill Nighy (que presta su voz al general de dos cabezas, Fallon).

Es un equipo de primera división para una historia que, según muchos críticos de la época, tenía un guion bastante plano. Kenneth Turan, de Los Angeles Times, fue bastante duro: dijo que la película tenía todo lo que el dinero podía comprar excepto un buen guion. Y quizá tenga razón. La trama de Jack y los gigantes intenta mezclar dos cuentos populares británicos (Jack y las habichuelas mágicas y Jack el cazagigantes), pero se queda en una zona gris donde no es ni tan oscura como Juego de Tronos ni tan encantadora como una peli de Disney.

Los detalles que quizá te perdiste

  1. El final en el Londres moderno: Mucha gente olvida que la película termina con un salto temporal. Vemos la corona guardada en la Torre de Londres y a un niño que parece descendiente del villano sonriendo. Una secuela que, obviamente, nunca va a pasar.
  2. El bosque de Tolkien: Parte de la película se rodó en Puzzlewood, en el Bosque de Dean. Es el mismo sitio que supuestamente inspiró a J.R.R. Tolkien para escribir El Hobbit.
  3. El título cambió a última hora: Originalmente se iba a llamar Jack the Giant Killer, pero el departamento de marketing pensó que "Killer" sonaba demasiado violento para las familias. Lo cambiaron a "Slayer". Spoiler: no ayudó.

¿Vale la pena verla hoy?

Kinda. Si te gustan las aventuras de fantasía que no se toman demasiado en serio a sí mismas, es un viaje entretenido. Hay escenas de acción bastante decentes, especialmente el asedio final al castillo donde los gigantes usan árboles cargados de fuego como proyectiles. Es pura pirotecnia visual.

Además, en plataformas de streaming como Tubi o Netflix, la película ha encontrado una segunda vida. Resulta que, cuando no has pagado 15 euros por una entrada de cine y no tienes la expectativa de que sea la "nueva El Señor de los Anillos", Jack y los gigantes funciona bastante bien como entretenimiento de domingo por la tarde.

Lo que sí es innegable es que marcó el fin de una era. Fue uno de los últimos intentos de los grandes estudios de coger un cuento de hadas clásico y darle esteroides digitales con un presupuesto de tres cifras. Después de esto (y de Hansel & Gretel: Cazadores de Brujas), Hollywood se volvió mucho más cauteloso con este tipo de proyectos.

Si quieres sacarle provecho a esta cinta, fíjate en la dinámica entre Hoult y McGregor. Hay una química de "mentor y alumno" que se siente genuina. Y si eres un fan de los efectos especiales, analiza cómo han envejecido los gigantes. Es un caso de estudio fascinante sobre lo que funcionaba y lo que no en la tecnología de captura de movimiento pre-2015.

Para disfrutarla realmente, deja de lado la lógica y abraza el espectáculo. A veces, ver cómo se queman 200 millones de dólares en pantalla tiene su propio encanto retorcido.

Consejo práctico: Si vas a verla con niños, ten en cuenta que, aunque es PG-13, hay un par de momentos donde los gigantes son bastante asquerosos (sí, hay chistes de mocos y gente siendo devorada). No es para los más pequeños, pero para un preadolescente que busca acción, es el punto justo de intensidad. Ten a mano unas palomitas y no busques metáforas profundas; aquí solo hemos venido a ver cómo caen los grandes.